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Cuando fui «key manager»…

Una de mis frases favoritas y que uso a la menor provocación es «El humor no es mas que caos emocional en retrospectiva»… mi amiga Cati dice que es de Woody Allen y yo le creo porque es listísima. Si no es Woody, de todos modos lo seguiré queriendo a él, a ella y la frase.
 
Pero este post ni es de cine ni de Woody Allen ni nada de esas delicias de tarde de fin de semana, es sobre un episodio de mi carrera.
 
Siempre he sido intensa y media trabajólica o nerd… tanto que mi mamá se ríe mucho cuando le cuenta a la gente que entré «accidentalmente» al kinder a los dos años porque acompañé a una vecina a dejar sus hijos y ya no me quise regresar a la casa. 
 
En mi defensa había unos patitos y es por eso que yo me aferré a la reja, pero a mi madre le encanta exacerbar mis rasgos del equipo quark (además yo me quise quedar sólo el primer día, pero luego ya me dejaron ahí porque en casa daba mucha lata, estaba en la edad del ¿Por qué? y acababa de nacer #mihermanoesunchiste).
 
Con el trabajo fue un poco parecido: a los 15 monté mi propio curso de verano en la Casa Jaime Sabines, con #mihermanoesunchiste de 13 años como asociado, de los 17 a los 19 fui «miss» de inglés y a los 20 empecé a trabajar en revistas. A los 24 años yo era muy feliz persiguiendo con mi grabadora a los banqueros, aseguradores y señores afore en El Economista, cuando mi adorado exjefe @DarkEconomist me preguntó si quería ser Editora de Portada del periódico. Casi muero del susto, la felicidad y el infarto simultáneamente pero como era joven y no sabía lo que hacía dije que sí. Era una chambota y muchísima responsabilidad, lo bueno es que no me di cuenta a tiempo y acepté sin pensarlo mucho.
Fueron años en los que a José Manuel Herrera le aprendí muchísimo, me tocaba manejar el equipo de diseñadores, darme agarrones del chongo con las correctoras y hasta capotear a algunos editores (en especial el de Política y la de Finanzas Personales) que no estaban tan contentos de que una chamaquita estuviera en las juntas y pudiera opinar de qué notas llevar en la portada. En resumidas cuentas tenía EL TRABAJO, pese a ser un moconete y fue de los que más aprendí no sólo de economía, y periodismo  sino hasta grilla.
 
Al final hubo bronca cuando el periódico cambió de dueño, se fue mi jefe, yo igual, estuve unos meses freelanceando y en otro periódico y llegó la oportunidad dorada de irme a la maestría, donde fui muy feliz.
 
Cuando estaba por terminarla había que hacer prácticas. Para el MBA no era obligatorio, pero yo sí quería tener la experiencia de trabajar con los franchutes.
 
Mi gran obstáculo era mi chafi-francés, pero en una de las consultoras CSC (Computer Science Corporation) tuve la grandísima suerte de encontrar un mujerón que intentó ver si era más lista de lo que mi franchenglish aparentaba y me dio chance de entrar a una misión para cambiar un sistema de Crédit Agricole, una caja de ahorro gigantesca, que muy probablemente sea como Banorte en México.
 
Y ustedes dirán ¿y hasta ahí dónde entra el caos emocional en retrospectiva? Bueno pues las primeras semanas me daban tareas menores, aprendí como nunca de excel y hasta me tocaba hacer las minutas de las juntas peeeero un día mi jefa directa , Ingrid, (la francesa más adorable del mundo y quien se apiadó de mí y pacientemente me enseñó a escribir en su churrigueresca lengua) , me llamó a su oficina. Tenía una tarea importante que darme, ilusamente pensaba yo. 
 
Yo era la más emocionada obviamente… hasta que me saca una caja de llaves y me dice: «a Corina le pidieron que un becario etiquetara todas las llaves y checara puerta por puerta si funcionaban». Del shock no reaccioné primero y luego me la pasé la tarde rumiando mi coraje y haciendo comentarios ácidos.
 
¿¿¿Qué quéeee??? ¿¿¿¿Yo que estaba por terminar un MBA, que había sido editora de portada y había tenido gente a mi cargo iba a etiquetar llaves???? No lo podía creer. Me sentía como Amelié Nothomb en Estupor y Temblores (espero que lo hayan leído, si no Amelie se va a vivir a Japón y por sus errores culturales la van bajando de puesto, no seré spoiler, léanlo que el final es buenísimo).
 
Ya estaba yo por tirar la toalla de esas prácticas pero esa noche casualmente cenaba con Caro, alias «Miss Venezuela», mi mejor amiga del máster.
 
Cuando le conté, en lugar de consolarme, la truhana condenada se empezó a carcajear, tanto que se le salían las lágrimas. Yo medio enojada, medio ya a punto de reírme – Caro tiene la risa más deliciosa y contagiosa que he oído- le pregunté «¿Bueno y tú mensa de qué te ríes?».
 
Ella me contestó: «Chama ¿no te has dado cuenta? ¡Te ascendieron! ahora puedes decir que eres ‘Key manager’, nosotros tristes becarios y tú ‘Key manager'».
 
Traducido sería «manager clave o gerente clave» y sonaba con más caché que lo que realmente hacía, pero Caro me hizo el gran favor de quitarme lo amargada respecto a mi nueva tarea. Ya bromeabamos con eso todo el tiempo.
 
El caso es que en lugar de emberrincharme y renunciarle a Ingrid, hice lo de las llaves en un día (me habían dado una semana), luego revisé el mapa del edificio y le hice etiquetas a las puertas con los nombres de de quién eran y la identidad corporativa del proyecto (todo esto con mis pobres habilidades de paint), y como igual tenía que probar las llaves conocí a todas las personas que trabajaban en esa «misión». 
 
Yo lo hice porque pues ya qué, ya estaba embarcada pero ¡cómo me sirvió! Había unos managers medio neuras que nunca nos daban cita a mi jefa y a mí para ver los avances del proyecto (nosotros «piloteabamos», osea corretéabamos gente para que terminaran a tiempo y veíamos los riesgos de que no  acabaran y esas cosas) y como me la pasaba rolando por las oficinas luego platicaba con ellos, les caía en gracia y si Ingrid me mandaba a mí, sí me daban la cita.
 
Por esas mismas casualidades, cuando la chava que organizaba los cocktailes mensuales para reunir a toda la «misión» se fue de incapacidad por embarazo, Corina decidió decirle al jefe de jefes que por qué no me lo encargaba a mí. Implicaba logística, negociar con los del hotel y hacerla de maestra de presentaciones en un idioma que yo no masticaba bien, pero si ya había tenido pesadillas con el Excel y las tablas dinámicas para entregar los reportes de la consultoría ¿qué era una raya más al tigre?
 
La primera vez me pasó todo: llegó más gente de la confirmada y tarde, unos sólo comieron y no entraron a la conferencia, el proyector no reconocía mi compu etc etc etc… sufría. Corina me llamó a su oficina y pensé que me iba a pedir mi renuncia por ser la «piooor» becaria de la historia de CSC. Pero ¡fiuf! no: me llamó sólo porque tenía cara de perro apachurrado y  me dijo que de hecho para ser la primera había estado bien, que tenía que poner más atención  pero que me iba a encargar de todas las del año (bueno las que me tocaran mientras duraran mis prácticas).
 
Ingrid me dejó diseñar reportes más sofisticados para la consultoría y ya me llamaban a juntas importantes. Poquito a poquito como que eso de las llaves me había literalmente abierto muchas puertas.
 
Al final tuve que dejar la práctica un mes antes de lo previsto porque se adelantó el lanzamiento de mi adorado Pequeño Cerdo Capitalista. 
 
El día de la evaluación final  -temida por todos los becarios – me echaron muchas flores, me dijeron que sí le tenía que echar más ganitas a mi francés escrito pero al final mi shock fue que me dieron un bono y extendieron una hoja que era oferta de trabajo abierta por si decidía regresar en octubre y fueron muy específicas: esto es porque tuviste muy buena actitud ante todas tus tareas (yo pensaba en las etiquetas, seguro a eso se referían).
 
Viéndolo hacia atrás, lo peor que me había pasado laboralmente hablando es lo mejor que me pudo haber pasado en esa práctica. Me ayudo a aprender un chorro de cosas que jamás me hubieran tocado en mi patrón laboral normal, a bajarle dos rayitas a mi ego y a llevarme mejor con mis compañeros de trabajo y jefes, finalmente no era un trabajo definitivo en el que fuera estancarme, sino una simple tarea que al realizarla bien en verdad sirvió…aparte es el cargo con más caché que jamás he tenido «Key Manager», ¿a poco no se escucha importante? Cuando funde a mi empresa, así me voy en el organigrama.
 
Buena semana!!!
 
P.D El pilón son las fotos de mis amigos becarios en CSC (éramos como los united colors of Benetton) y Carito, la venezolana.
 
De Random
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Y ella es la fabulosísima Caro!!! (eso que nos tragoneamos son unas ricas arepas)

De Random
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